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Valeria Alcántara

“Nada como el poder del Señor”

 

Nació en Brasil. Jugó al voleibol en su país de origen y en el Xuvenil Teis de Vigo, de primera división.Esposa de Mazinho, tiene dos niños, Tiago y Rafa, y una niña, Thaisa.

Durante el Mundial de Italia en 1990 conocí a otras mujeres de jugadores que eran creyentes que me hablaban de la relación con Dios. Yo era católica, y no me interesaba demasiado el tema, porque pensaba que querían que me cambiase de religión.

Recuerdo que en aquella época hablé con Mazinho y le dije que o dejaban de hablarme del evangelio o yo no estaría más con ellas. Pasaron cuatro años y volvimos a estar todos juntos en el Mundial de Estados Unidos (1994). Esta vez las reuniones de los Atletas de Cristo eran mucho más numerosas, y había hasta seis o siete jugadores de la selección que oraban y leían la Biblia juntos. Los cuatro años que había pasado me hicieron reflexionar mucho en cuanto a lo que Dios significaba para mi marido, y la necesidad que yo tenía de llegar a ser cristiana. en Estados Unidos comencé a darme cuenta de lo que podía ser el propósito de Dios para mi vida. La verdad es que todas esas cosas habían sido difíciles para mí. Desde los cinco años estudié en un colegio religioso, y eso me hizo llegar a no creer en muchas de las cosas que me decían... Cuando al final del año 1995 mi madre se puso muy enferma, mi mundo se vino abajo. Yo siempre había sido una persona con mucha fortaleza, pero ahora me encontraba vencida. Así que sólo pude orar a Dios, pedirle que sanase a mi madre, y decirle de todo corazón que quería ser una hija suya. En febrero de 1996, mi madre quedó completamente curada y yo me di cuenta de que no existía nada como el poder del Señor. Hoy quiero todavía más al Señor y siempre estoy deseando pasar mucho más tiempo con él.

Me gustaría dejar unas palabras para todos aquellos que pueden leer estas líneas. Antes pensaba que los cristianos no podían divertirse, y que las mujeres debían ir desarregladas y tristes, y eso no es cierto. El Señor Jesús vino para que nosotros tuviésemos una vida abundante, y Él nos da vida desde nuestro interior. Él es el único que sabe mirar lo que hay dentro de nosotros. Por eso todo el que ama de verdad al Señor es completamente feliz.