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Nací en un hogar cristiano, mi madre nos llevaba a mis hermanos y a mí a la iglesia desde pequeños, siempre ayudaba con los niños o en cualquier actividad en que me sugerían colaborar, acepté al Señor cuando tenía más o menos 12 años durante el sermón de un Pastor norteamericano quien llevaba mi Iglesia en ese entonces, me bauticé un tiempo después.
Cuando crecí un poco más empecé a asistir a las reuniones de la Sociedad de Jóvenes de la Iglesia, uno de mis hermanos era el Presidente del grupo, me gustaba mucho ir a las reuniones, asistíamos a conferencias, conciertos y muchas cosas más pero lentamente las reuniones eran solo algo habitual en mis actividades de los sábados.
Mi experiencia con Cristo, mi verdadera amistad con El comenzó cuando dejé mi país para buscar una vida mejor en otro lugar. Viví en los Estados Unidos por un tiempo, por varios meses traté de encontrar una Iglesia, sabía que necesitaba buscar a Dios, encontré una Iglesia y empecé a ir habitualmente hasta que otras cosas empezaron a impedir que yo continuara asistiendo, debo reconocer que traté de salir adelante sin tomar en cuenta a Dios, prácticamente olvidé lo que me habían enseñada en casa y me dediqué a "resolver" mis problemas sola.
Debía volver a mi país para renovar mis documentos legales y asó lo hice, viajé por un período de un mes, en mis planes estaba volver a los Estados Unidos cuanto antes ya que la vida que llevaba allí me gustaba y no iba a cambiar!!! Lamentablemente pasé por una de las experiencias más duras de mi vida, el día que debía viajar me negaron la entrada a los Estados Unidos y tuve que volver, por meses pagué un billete que nunca utilicé y también pagué con dolor mis sueños, ilusiones y expectativas rotas, llegar a casa fue muy triste y fue aún más triste tener que reconstruir y tratar de olvidar lo sucedido, mi familia estaba cerca y no faltaron los buenos amigos, la Iglesia se quedó atrás por un tiempo y tenía en mi mente una sola meta: ¡¡intentarlo de nuevo!!
Durante el tiempo que permanecí en mi país conseguí un empleo, pero nada era igual, mi fracaso se hacía presente todos los días dentro de mí, tuve muchos problemas a nivel personal, nada me complacía, fue un tiempo de mucho dolor ... un día hablé con una persona quien me comentó que podía viajar a España ya que mi familia cuenta con la doble nacionalidad, me presenté en la Embajada de España y empecé a gestionar mis viaje, no sabía lo que me encontraría pero tenía la seguridad que nada podría ir peor.
Viajé hace dos años a España pero esta vez no olvidé algo muy importante, invitar a Jesús a viajar conmigo, esta vez deposité todas mis ilusiones y todos mis temores en sus manos desde el principio, esto no significaba que las cosas fueran a ser fáciles pero tenía la convicción de que si Jesús está en cada decisión que tomamos podemos tener paz y descansar ya que es El quien toma en sus hombros nuestras cargas y se preocupa por nuestras necesidades.
Me tomó un tiempo comenzar mi "nueva" vida lejos de casa, a los dos meses de vivir aquí pasé por una enfermedad y casi puedo decir que gracias a eso pude tener un acercamiento nuevamente, de camino a un chequeo me encontré con el letrero de una Iglesia, al siguiente domingo fui y dos personas me recibieron, me dieron la bienvenida y me sentí como una visita, no como alguien que ha vivido antes una vida cristiana pero creo que eso fue lo mejor ya que empecé a sentirme como un "nuevo creyente=", lentamente fui invitando a Jesús a entrar en mi vida nuevamente.
Hoy sé que Jesús ha obrado de muchas maneras en mi vida, he encontrado una nueva familia aquí, trabajo activamente en mi Iglesia, ya no estoy sola y mi vida tiene una nueva perspectiva, Jesús me ha bendecido con un buen trabajo, tengo amigos y soy muy feliz.
Hace unos meses visité mi país, conocí a mis sobrinos --a quienes no conocía aún- me reuní con mi familia y con mi Iglesia de hace años, tuve la oportunidad de contar entre lágrimas lo que Jesús hizo por mí.
El ha cerrado una herida, me ha enseñado a tomarle de la mano a cada paso que doy y lo más importante, la oración y la comunión con mis hermanos es el motor de mi vida, hoy tengo la convicción de que mi Padre me acompaña a donde vaya, que cuida de mi y que fuera de sus caminos no puedo vivir.
Mi experiencia es un regalo que deseo compartir con la gente a la que amo y es mi deseo que le permitan a Jesús entrar en sus vidas, El tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros.
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