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Yo nací en un hogar evangélico, mi padre era pastor en Basauri, Vizcaya. Soy la 4ª de seis hermanos, y mi vida ha transcurrido dentro de una iglesia prácticamente. Crecí conociendo las cosas de Dios, que me amaba, que deseaba cosas buenas para mi, y todo lo que una niña puede comprender acerca de Dios, iba a campamentos, asistía a la iglesia cada domingo, etc., y un día acepte a Jesús como mi salvador personal, a la edad de 10 años. Seguí creciendo y haciendo una vida igual a la de antes, pero entré en el instituto y conocí a amigos nuevos, con los cuales me gustaba estar, en mi iglesia no había jóvenes de mi edad, por lo tanto mis amigos eran los del instituto, y yo hacía e iba a donde ellos. Seguía asistiendo a los cultos y en mi corazón seguía amando a Dios y deseaba agradarle, pero también amaba a mis amigos y me gustaba hacer lo que no debía, y así, transcurría mi vida, de lunes a sábado era una persona normal, con mi vida personal, y el domingo era una "cristiana" que acudía a la iglesia. Yo reconocía en mi corazón que esta actitud no era correcta delante de Dios, pero yo no podía evitarlo, o eso creía, y me dejaba arrastrar por lo que no era bueno para mi vida, cada día que pasaba estaba más separada de Dios, y en mi interior no tenía paz, pues sabía que no hacía lo que Dios quería, además yo sabía que Cristo había muerto por mi, y yo le estaba dando la espalda y fallándole, le era infiel. Seguía con mi "doble vida", y cada vez estaba más metida en el hoyo, cada vez más perdida, yo clamaba a Dios los domingos, le pedía perdón, pero el lunes continuaba por mi cuenta. Conocí a un chico en el instituto, Antonio, y comenzamos a salir juntos, al tiempo comenzó a venir a la iglesia conmigo, pues él tenía mucho interés en las cosas de Dios, y yo también le hablaba de mi vida, y del Señor y quiso comprobar por si mismo lo que yo le decía, pero no practicaba. Mi novio se convirtió al Señor, poco a poco empezamos a involucrarnos más en la iglesia. El Señor tocó mi corazón para que me volviese a Él y le consagrase mi vida, pedí a Dios perdón pues deseaba volver a obedecerle, y ofrecimos nuestras vidas al Señor. Estoy convencida que el Señor utilizó a mi marido para atraerme de nuevo hacia Él y a mí para que Antonio pudiese conocerle, nos utilizó para sus propósitos, incluso antes de ser siervos suyos, ya nos había escogido. Dios nos ha bendecido y ayudado siempre, y yo he notado la protección de Dios en cada momento de mi vida, pues caminando lejos del Señor y "andando con fuego", me ha protegido de todo mal. Ahora estoy decidida a obedecerle y seguirle donde me lleve, y se que Él tiene un propósito para mi vida, Cristo dio su vida por mi en la cruz mostrando su amor hacia mi persona, y yo no puedo darle de nuevo la espalda. Mi verdadera vida comenzó cuando realmente le abrí mi corazón y dejé que Él viviese en mí y formase parte de mi vida.
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