|
Pese a pertenecer a un buen hogar (un hogar cristiano) y no carecer de lo esencial mi vida durante mucho tiempo estaba vacía y no tenía sentido. Cuando era pequeño era un niño con muchos complejos y me sentía solo. Tenía amigos y una familia sin problemas pero en cambio algo me faltaba y prueba de ello era que los estudios no me iban muy bien.
Desde que apenas era un niño de meses tenía problemas de salud (bronquitis, asma y alergia) y siempre estaba de un médico a otro. Un buen día tuve una reacción química en mi estomago que me produjo un diarrea en medio de una clase, en el colegio, y con tan solo 8 años sufrí la mayor humillación de mi vida, viendo como todos se reían de mi. Como es natural, eso marcó mi vida, siempre estaba con una gran lucha interna e intentaba demostrar al mundo que era igual que todos y no diferente (algo que resonaba en mi mente continuamente).
Esto se fue a más, a medida que iba creciendo mi problema se iba agudizando, por mas que luchaba seguía sintiéndome mal conmigo mismo, hasta el punto de pensar en el suicidio (ya que no veía sentido a mi vida). Como en los estudios no podía mejorar intenté destacar en el deporte pero eso no solucionó el problema.
Aunque desde pequeño me habían hablado de Dios nunca había pensado que Él podía solucionar mi problema, para mi no era más que algo cultural. Pero con 16 años asistiendo a un culto Dios me toco en lo más profundo de mi ser, sentía como alguien me decía no llores mas yo estoy contigo. El predicador hablaba de un Dios que estaba dispuesto a entrar en los corazones y obrar en las vidas de los que necesitaban de él. Un Dios que estaba dispuesto a llenar el vacío que había dentro de mi, y a mostrarme su gran amor por mi. En ese momento me puse a llorar, algo que hasta entonces solo había hecho por rabia, por primera vez era debido al dolor y el odio que tenía dentro.
Ese día me sentí como si me hubieran quitado una pesada carga de encima que me presionaba y que determinaba mi carácter. Una alegría muy grande me lleno de arriba a bajo. Como dice la Biblia: “había cambiado mi lamento en baile”.
A partir de entonces empecé a aprender a quererme y a valorarme mas, empecé a aceptar que era diferente (porque Dios me había hecho diferente) y que eso no era malo. Se puede decir que mi vida cambio, tomo un nuevo rumbo y un futuro, que hasta entonces era incierto, empezaba a verse en mi vida.
El mundo que me rodeaba no cambio pero los ojos con los que lo contemplaba si. Empecé a querer conocer más de ese Dios que dio sentido a mi vida y a medida que más sabía de Él más recibía, más obraba y mejor me sentía.
Salí de la situación en la que me sentía oprimido en el que el centro era yo y los demás no me importaban. Comencé a preocuparme por todos aquellos que me rodeaban y a hacer todo lo posible por ayudar a los demás para que más gente pudiera recibir lo que yo había recibido.
Ese Dios se convirtió en mi mejor amigo, me ayudaba en todo y me acompañaba cuando me encontraba sólo. Él había dado a su hijo por mi vida, ya que sin Él estaba perdido y desesperanzado esperando el fin de mi triste historia.
Pude experimentar que Jesús era el camino, la verdad y la vida que yo necesitaba. Por todo lo cual yo le doy muchas gracias, y oro para que sea una realidad en más vidas. Con todo mi cariño...
|