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Antonio Martín Salado’s historias

 

, ES
MI TESTIMONIO DE CONVERSIÓN A JESUCRISTO

Me llamo Antonio y fui un joven como otro cualquiera que se crió en un pueblo grande llamado Arganda. Allí desde niño tuve contacto con la Iglesia Católica porque mi madre me envió a catequesis. Recuerdo que me gustaban aquellas clases donde se nos hablaba de Jesús y se nos enseñaba algunas oraciones. Yo no entendía la mayoría de las cosas, pero sí me tomaba en serio a Dios. Por aquel entonces recuerdo que la lectura del Evangelio en las misas a las que asistía me llamaba poderosamente la atención. La persona de Jesús empezaba a atraerme y todas las noches rezaba mis oraciones aprendidas de memoria, de las cuales una era especial aunque no entendía su significado: "¡ven pronto Jesús!". Después de cantar en un coro de niños por algún tiempo y hacer la comunión fui dejando la iglesia de lado.

Siendo adolescente hice bastantes "locuras" aunque siempre creía mantener un alto grado de responsabilidad. Todo parecía marcharme muy bien en la vida: era un buen estudiante y tenía muchos amigos. Entre las buenas notas, mi afición a la música y a los guateques pasó el tiempo de instituto. Entonces llegué a la Universidad y todo mi mundo se derrumbó. Había elegido una carrera muy dura por tener grandes expectativas económicas de futuro, pero me encontré muy solo y aunque me esforcé no pude aprobar el curso. Sufrí depresión mientras estudiaba y abandoné al segundo año buscando ayuda médica. Cuando parecía recuperado volví a mis estudios, y la depresión reapareció en forma de crisis nerviosa más aguda. Durante este tiempo de sufrimiento clamé a Dios para que me ayudase. Gracias a Él empecé a recuperarme bajo tratamiento médico con la ayuda de mis padres, y cuando estaba repuesto del todo un amigo me ofreció trabajo. Y otro me presentó a Marta la mujer de la que soy esposo. Ella me dijo que era evangélica y que tenía asegurado el cielo: la salvación. Aquello me impactó y empecé a acompañarla a la iglesia que su padre pastoreaba. Me encantó poder volver a cantar canciones a Dios, escuchar los discursos bien preparados sobre la vida de Jesús, y poder leer mi propia Biblia que Marta me había regalado. Estaba entusiasmado pensando que había encontrado un lugar, un camino donde me sentía bien. Así pasó un año más o menos mientras mi entendimiento era abierto por Dios y empezaba a entender que Dios se hizo hombre y murió por mi. El mensaje de Jesús que leía en la Biblia empezaba a calar profundamente en mi corazón. Un día sentí en la iglesia que era el momento, Dios me había estado buscando y ahora quería mi vida para salvarme y darme la auténtica vida abundante. Le pedí en oración que entrara en mi corazón, sabiendo que el cambio sería radical y comprometiéndome a seguirle siempre.

A partir de ese día crucial me sentí muy feliz, lleno de alegría y le hablaba a mi familia y a todo el que podía de la salvación que sólo hay conociendo a Jesucristo. Tenía paz con Dios y por primera vez me sentí totalmente libre, ya no tenía que fingir ni imitar la forma de vida de los demás. Mi vida se llenó de amor y de regalos de Dios: pronto Marta y yo pudimos casarnos y comenzar una nueva vida juntos. Desde entonces nunca pasamos necesidad y tenemos a Dios que nos ayuda y consuela en cualquier problema de la vida diaria. Él es nuestro amigo que nos guía y que se relaciona con nosotros.

Enero de 2001

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