experienceexpressexploreliveshare
vitanovis is more than an idea--it is an experience


about us

connect to God


Michelle’s story


photo by Mike Stahlschmidt

“I have changed a lot, and a big change is in the things that are missing:
fear, loneliness and frustration.”

 

Nunca olvidaré el torneo de la Copa Mundial Femenina de 1999. No fue sólo una Victoria del equipo, sin también una personal. Ya con 33 años de edad, esta era mi tercera y definitiva Copa Mundial. La victoria fue mucho más dulce en esta que sería mi última Copa. Y saber que le di al equipo hasta el último gramo de mi esfuerzo fue muy gratificante para mi. Sencillamente dejé todo lo que tenía en el campo.

Cuando el equipo de Estados Unidos estaba jugando el tiempo extra y lanzando los penaltis, yo estaba en el vestidor totalmente agotada. Debido a los efectos del síndrome de fatiga crónica, me sentía aplastada y prácticamente incoherente. Cuando volví en mi y supe que Brandi Chastain había metido el gol ganador, hice que mis entrenadores me quitaran los sueros y me vi saliendo con dificultad al campo de juego. Los 90185 espectadores estaban como locos. Yo luchaba por asimilarlo todo y mantenerme firme. Era increíble, nunca olvidaré ese momento.

Al mirar atrás a mi vida y mi carrera como futbolista, me doy cuenta de que por medio de todas las luchas, victorias y fracasos, he sido bendecida. El camino ha sido accidentado y en ocasiones ha parecido largo, pero eso sólo sirve para hacer que victorias como la de la Copa Mundial sean más dulces. Supongo que para que puedan realmente entenderlo, lo mejor será comenzar por el principio.

Michelle’s story:

Cuando era una niña, no me gustaba perder. A los ocho años mi madre me inscribió en fútbol. Al principio perdíamos mucho y le rogué a mi madre que me permitiera dejarlo. Ella se negó. Además¡lo peor de todo!nuestros uniformes eran de color rosa y amarillo.

Pronto me enamoré del juego. Pensaba que cuando fuera grande sería una jugadora profesional de fútbol en Europa o enfermera. Desafortunadamente, también me había convertido en el paradigma del adolescente rebelde, escapando de la escuela, saliendo con chicos mayores, experimentando con drogas, mintiendo. El divorcio de mis padres no hizo sino añadir confusión a mi adolescencia.

La única persona con quien comentaba acerca de mi vida era un entrenador de fútbol en la escuela, el señor Kovats. Estaba intrigada con él y por qué se sentía tan entusiasmado por ser cristiano. Definitivamente Mr. Kovats sabía algo que yo desconocía.

Un día después del entrenamiento, el señor Kovats me llevó a casa. Nos sentamos por millonésima vez en su oxidada camioneta color verde y conversamos. En esta ocasión le abrí mi corazón. Odiaba la persona en que me estaba convirtiendo, lo que estaba haciendo a mi familia., lo que estaba sintiendo. Estaba airada, triste y confundida. Sabía que tenía necesidad de algo. O de alguien. Le dije al señor Kovats que yo quería tener lo que él tenía: una relación con Dios.

Temía lo que pudieran pensar los chicos de la escuela si me hacía cristiana, pero esa no era la verdadera causa de mi indecisión. Sencillamente estaba asustada. Desde el divorcio de mis padres, me resultaba muy difícil confiar, y ahora esperar, que lo que el señor Kovats decía, que Jesús me daría gozo. Me parecía que era arriesgar demasiado si me entregaba a ello y no funcionaba.

Pero esta vez estaba al final de mi soga. Estaba desesperada, sola y temerosa. Inclinamos nuestras cabezas y repetí la oración que hizo el señor Kovats para comenzar mi relación con Cristo.

Inmediatamente sentí una súbita paz dentro de mi. Una sensación física de calor. Respiré profundamente y todo el miedo, la confusión y el temor se alejaron de mi. Algo sucedió, ¿pero qué? Desde ese momento en adelante, fui una persona diferente. No era algo que pudiera notarse al principio, pero con el tiempo, aquel fue un momento en el que cambió quien yo era y como vivía mi vida.

Sin embargo, no demoré mucho en olvidar todo lo que Cristo había hecho por mi. Obtuve una beca para ir a la Universidad, estuve en cuatro ocasiones en el equipo All-American, gané una Copa Mundial en 1991 y fui designada como la mejor jugadora del mundo. Me case, viajé por todo el mundo y fui la primera jugadora que recibió paga. Tenía el mundo en mis manos.
top

El principio

Fondo rocoso

Cambiando los reinos

Un futuro aún más brillante...


Want to know more about Michelle?
Visit her website

www.michelleakers.com




Entonces en 1994, después de tres años luchando con una fatiga extrema y la enfermedad, llegué a un fondo rocoso. No conseguía levantarme de la cama y cepillarme los dientes, sin embargo corría y jugaba al fútbol. La migraña destrozaba mi cabeza mientras empapaba en sudor tres camisetas cada noche. Finalmente se me diagnosticó un Síndrome de Fatiga Crónica y Disfunción Inmunológica (CFIDS). Además de todo esto, mi matrimonio de cuatro años terminó. Estaba enferma, sola y desilusionada de la vida.

Aunque no hubiera podido entonces expresarlo con palabras, sentía que necesitaba arreglar las cosas con Dios. No había dedicado mucho tiempo a pensar en cosas espirituales desde que estaba en Secundaria y el señor Kovats me introdujo en la fe en Jesucristo. Seguía asistiendo a la iglesia en Pascua y en Navidad , pero eso no hacía religiosa mi vida diaria. Definitivamente Dios no formaba parte de mi matrimonio y tampoco de mi carrera futbolística. Tomé mis propias decisiones y ahora sufría las consecuencias; y pensaba haber hecho un buen trabajo. Hasta ahora.

Estaba tan enferma que no podía andar cinco minutos sin requerir después dos días de reposo en cama para recuperarme. Me vi obligada a dedicar un montón de tiempo a pensar acerca de lo que yo era. Eso era lo más duro; estaba tan enferma que no podía distraerme con el fútbol o los amigos. Estaba obligada a mirar a mi vida, y no me gustó lo que vi.
top

Llegado este punto, yo me complacía en darle a Dios todo lo que Él quería. "Puedes tener esta cosa", yo Le decía. "Puedes tener este cuerpo. Puedes tener esta vida. Puedes tenerme a mi. Porque todo lo he embrollado.”

Comencé a asistir de nuevo a la iglesia y a aprender más de Cristo. Creo que en lo profundo de mi ser sabía que por muchos años había enfocado mal las cosas., pero temía convertirme en una fanática. ¿Qué pensarían de mi mis amigos, mis admiradores y el mundo? Yo, la atleta fuerte e independiente, leyendo la Biblia y cediendo el control. Mi otra preocupación era: ¿Cómo podría seguir a Dios y continuar disfrutando de la vida y siendo una persona alegre? Demasiadas reglas y expectativas muy altas.

Mirando atrás, pienso que Dios fue muy gentil y paciente, dándome palmadas en la espalda y llamándome por mi nombre durante años. Pero continuamente le di de lado diciendo: "Oye, yo se lo que estoy haciendo. Puedo hacer esas decisiones. Déjame tranquila". Y finalmente, pienso, Él dijo: "Está bien", se cruzó de brazos y me observó con tristeza, porque sabía que yo iba a cometer muchos errores al ignorarlo. Sabía que yo sufriría en el futuro.
Tuve que llegar a la destrucción total antes de aceptar y decir "Está bien, Dios,. Puedes tomar mi vida". Todo tuvo que venirse abajo antes de que regresara arrastrándome hacia Dios rogando: “Por favor, ayúdame”

Pero aquello no era un castigo. No siento amargura por ninguna de mis luchas, fueron un llamado de atención. A algunas personas les basta con una palmada en la espalda, ¡pero yo necesitaba un mazazo en la cabeza! Dios me estaba diciendo: “¡Fíjate! ¡Presta atención! Confía en mi y te daré lo que necesitas.”
top

Todos aquellos temores sobre las reglas y la rendir lo que yo era, han desaparecido o están desapareciendo. He llegado a perder todo interés en mantener algo de mi viejo yo. No puedo esperar a que Dios cambie aquellas partes que siempre me han metido en problemas. He cambiado mucho, y ha habido un gran cambio en las cosas que ya no están: temor, soledad y frustración

También he encontrado que la vida a la manera de Dios es mucho más excitante. Es más que un reto porque comparados con los Suyos, mis sueños son muy pequeños. Ahora enfrento cada nuevo día con la expectación de lo que Dios tiene para mí.

Al mirar a tras, ha sido realmente un viaje asombroso y maravilloso. Dios ha utilizado la lucha de estos diez últimos años Mirando hacia atrás, ha sido realmente un viaje asombroso y milagroso. Dios ha usado las luchas de estos diez últimos años para prepararme para este momento. La adversidad y los desafíos han modelado mi perspectiva y, mucho más importante, mi corazón. Es fácil ser capturado por el tumulto del momento o perderse en las tinieblas de una prueba, pero porque Dios me ha demostrado Su gracia y poder, me agarro firmemente a lo que es más importante y crucial en mi vida: mi relación con Dios y el privilegio de ser Su hija.
top

Más sobre atletas femeninas