experienceexpressexploreliveshare
vitanovis is more than an idea--it is an experience


about us

connect to God


La historia de Catriona LeMay Doan

“Entregar mi vida a Dios fue algo difícil porque hacerlo significaba que yo tendría que cederle el control de mi vida..

En nuestra sociedad todo está engranado para procurar tener más, y esa también era mi manera de ser. Estaba tercamente decidido y pensaba que tendría más siendo más agresivo. Pero me he dado cuenta de que mientras más lo intentaba, menos feliz me sentía.

Aprendí que la vida es mejor cuando le entregamos todas las cosas a Dios.”

 

Las eliminatorias de velocidad en patines de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 en Lillehammer, Noruega, son para mi un recuerdo realmente doloroso. Muy poco después de comenzar la carrera, me salí de la pista, caí al hielo y me estrellé contra la barrera.

Fue un momento terrible en mi carrera, especialmente cuando sabía que millones de personas lo estaban viendo por la TV. Me costó varios meses antes de que pudiera volver a patinar y durante ese tiempo me preguntaba por qué esto tenía que haberme pasado a mi.

Antes de los Juegos, todo había ido bien, pero ahora comienzo a ver que no solamente yo, sin también varios otros atletas notables parecían no estar felices. Así que comencé a buscar respuestas. Conocí a una persona que me explicó quién es Jesúscómo podía Él dar respuesta a mis preguntas y cómo podía yo conocerlo personalmente. No mucho después, le pedí a Jesús que fuera lo principal en mi vida.

Entregar mi vida a Dios fue algo difícil pues eso significaba entregarle el control de mi vida. Toda nuestra sociedad está engranada para tener más y yo también soy de esa manera. Estoy tercamente decidido a conseguir más siendo más agresivo. Pero me di cuenta de que mientras más lo intentaba, menos feliz me sentía; aprendí que la vida es mejor cuando le dejas todo a Dios, y ahora se que no importa lo que yo haga, siempre soy amado y todas las cosas irán bien.

Hay ahora paz en mi vida y se que Jesús forma parte de todo lo que hago, en o fuera del hielo. Mi enfoque ha cambiado sabiendo que ya no tengo que preocuparme de los resultados. Realmente todo se vuelve muy sencillo. Me entreno y técnicamente se lo que tengo que hacer. Entonces salgo y patino lo mejor que puedo y dejo el resto a Dios.

Esa fue la actitud que me acompañó a los Juegos de Invierno de 1998 en Nagano, Japón. Sabía que sin importar lo bien que lo hiciera, Jesús estaría allí acompañándome. Esta vez patiné bien y conseguí la medalla de oro en la carrera de 500 metros. Aunque fue una gran victoria, se que es mi relación con Jesús lo que me da un significado real. Él me ama, trae gozo a mi vida y me da paz. Con Él, mi vida es totalmente realizada.

Tomado de Power to Change

Envía tu propia historia