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Entre los hombres ha habido grandes maestros y líderes espirituales, pero ninguno dijo hacer o hizo lo que Jesús ha hecho. Moisés trajo una Ley que debía ser obedecida, Mahoma fue el profeta de una verdad acerca de Dios; Gautama ofreció al hombre el secreto de una salvación que debe asegurarse con el propio esfuerzo. Cristo trae a Dios a los hombres y a los hombres a Dios a una íntima comunión, con la suficiencia y eficacia de la gracia divina por medio de la fe humana, la cual es una nueva creación del hombre en su vida más íntima y sublime.
La trascendencia de lo que Él ha hecho por el hombre debido a la eficacia y suficiencia de Su revelación de Dios y de Su redención del hombre, supera de tal modo a todo lo conseguido por otros líderes espirituales, que tenemos que confesar que esta obra no es la de un hombre, por bueno que éste sea; sino que Dios y sólo Dios ha podido hacerlo. Por supuesto, esto no puede ser demostrado a los que no han experimentado la obra de Cristo por meros argumentos intelectuales; pero para aquellos que han tenido esa experiencia, no hay necesidad de otra evidencia. Ellos son testigos para sí mismos de que Él es Dios.
Creemos que Cristo es Dios no porque poseyera misteriosamente una naturaleza divina junta a la humana, sino porque de la misma manera que Él es hombre, encontramos a Dios en Él y Dios nos encuentra por Él. Vemos la gloria del Hijo unigénito del Padre, lleno de gloria y de verdad. Dios haciéndose conocer por amor a nosotros. Esto y nada menos es lo que significa creer en la divinidad de Cristo.
from
The Christian Doctrine of the Godhead, chap. I, in The Book
of Jesus, © Calvin Miller (New York: Simon and Schuster,
1996)
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