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En cierta ocasión José Wittig dijo: "La biografía de un hombre debiera comenzar no con su nacimiento, sino con su muerte; ésta sólo puede ser escrita desde el punto de vista de su final, porque sólo desde allí es posible ver plenamente la totalidad de su vida". Es por eso que al hablarle a alguien acerca de Jesús, debemos comenzar con su muerte. Nadie puede ni siquiera comenzar a entender la vida de Jesús sin comprender su muerte. Es allí, en la cruz, donde comienza su biografía.
Auto sacrifico es la manera tenebrosa de decir "auto negación". Pero ninguno de estos términos deben hacernos ver más grandes de lo que realmente somos. Ambos se refieren a la manera como usamos nuestros días, cómo gastamos esas pequeñas monedas con que compramos los años de nuestra vida. La anticipación de nuestra muerte nos recuerda que "no saldremos vivos de la vida"; debemos permitir que la certidumbre de nuestra muerte nos enseñe cómo gastar nuestros días.
¿Y cómo lo haremos? Pues bien, el apóstol Pablo dijo que estaba siendo "derramado como una libación". Ciertamente toda vida humana está siendo derramada, ya sea en egoísmo o en servicio. Pero el juicio de la cruz es que debemos dar nuestras vidas como sacrificio a nuestro Dios, quien dio Su vida como sacrificio por nosotros.
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